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Camino de Santiago Portugués (Padrón – Santiago de Compostela)

Para el último día nos quedaba un paseo de poco más de 20 km hasta Santiago de Compostela. Lo planificamos así para no tener que hacer dos noches en Santiago, ya que el tema de alojamientos estaba muy complicado. David M nos había conseguido el teléfono del camping el Monte do Gozo (camping con piscina!) ya que no había otra opción.
Aunque la etapa era corta decidimos madrugar para llegar pronto a Santiago y no encontrar muchas aglomeraciones en la plaza del Obradoiro. Tened en cuenta que el día siguiente era 25 de julio,día del Apóstol, y que además es año Santo Jacobeo.
Así pues, tras los estiramientos matutinos de Mario :-), desayunamos en la única cafetería que encontramos abierta en Padrón y emprendimos la marcha.

En los poco más de 20 km de etapa nos encontramos con múltitud de peregrinos.
Llevamos un ritmo bastante bueno, como siempre el gregario de delante puteando a los perseguidores :-). Los kilómetros iban cayendo y pronto estabamos en el último miliario del camino portugués que indica que sólo quedan 3,472 km hasta la catedral de Santiago.

Por fin estamos en la plaza del Obradoiro, frente a la catedral de Santiago. Quién lo diría después de esa primera etapa infernal. Y lo más increible es que la bicicleta de Mario no se haya partido, y eso que desde la primera etapa iba haciendo unos ruidos que anunciaban una posible rotura de cuadro, algo fácil de que sucediese teniendo en cuenta que el cuadro tenía dos fisuras, una de ellas soldada pero que se había resentido antes del viaje y, la otra fisura, descubierta unos días antes de partir hacia Lisboa.
Para inmortalizar el momento posamos alzando al aire nuestras monturas con las fuerzas que aún nos quedan después de tantos kilómetros (608).

Unos reporteros de A3 que estaban cubriendo la noticia del año Jacobeo nos vieron dando la nota y nos grabaron levantando las bicis (ya no recuerdo cuantas veces levanté la bici entre fotos y grabación) y además me hicieron una pequeña entrevista.

Antonio, tienes que hacernos unos maillots. Estos segundos de propaganda en horario de máxima audiencia no tienen precio :mrgreen:.

Una vez echo el paripé, tocaba enviar las bicis de vuelta a Castellón. Para ello nos fuimos a Seur, que está a unos 4 kilómetros, casí todos de subida por la Nacional hacia La Coruña, en el polígono del Tambre.
Seur lo tiene bien montado y nos pudimos duchar en su nave. Cogimos un taxí con las pertenencias básicas para sobrevivir esa noche (yo me cogí la tienda de campaña pensando en el camping del Monte do Gozo), y nos fuimos de turismo por Santiago que ya estaba petado de gente y ya no dejaban entrar en la plaza del Obradoiro con mochilas pués ya habían llegado los reyes.
Santiago era todo colas y masificaciones, así que desistí de sacarme la compostelana (la cola era de bastante más de una hora).

Al final, para comer, no nos hicimos mariscada por miedo a las clavadas. Nos habían dicho que una habitación que el día anterior costaba 50€, esa noche costaba 150€.
Después de comer nos hicimos una siesta en un parque… preludio de lo que pasaría por la noche.

Después de cenar (tampoco hubo mariscada, aunque yo me pegué un atracón de pulpo a feira), fuimos a ver el castillo que oficiaba la pirotecnia caballer.
A mi no me pareció nada del otro mundo, aunque el entorno era perfecto para lucirse y también es cierto que no estabamos en el mejor sitio para ver el castillo, pues la plaza del Obradoiro estaba llena y nos quedamos en una plaza cercana. Desde los siguientes enlaces podeis ver el castillo emitido por la televisión galega: parte 1, parte 2, parte 3 y parte 4.

Después del castillo había una actuación del grupo Lamatumbá que estaba bastante bien aunque, como cantaban en galego, no entendíamos gran cosa.

Nos retiramos antes de que terminase el concierto pasando antes por la plaza del Obradoiro a hacernos las últimas fotos.

Así es como dicen que se contempla la mejor imagen de la catedral:

Se ve algo parecido a esto:

Era la hora del ir al camping, pero yo ya me olía que no me iba a hacer falta la tienda de campaña… Finalmente dormimos en la calle.

Al día siguiente, nos hicimos unos churros con chocolate para desayunar. Seguían las colas y las aglomeraciones de gente, así que hicimos las compras y en cuanto pudimos nos escapamos hacía el aeropuerto de La Coruña para coger el avión de vuelta.

Para septiembre, a lo mejor toca hacer la Ruta del Tigre, y el año que viene, más…

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Camino de Santiago Portugués (Tui – Padrón)

Era el primer día que amaneciamos en España desde que empezamos este viaje y la alarma sonó a la misma hora que sonaba en Portugal, a las 06:45 + o -, pero fue entreabrir los ojos y ver que aún no había salido el sol y retrasar el momento de salir de la litera del albergue privado un rato más.

La primera parte de la ruta de esta estapa era muy bonita y prometia ser mejor aún que el día anterior, pero luego hubo mucho asfalto, lo que estropeo algo la etapa.

En la siguiente foto Mario y a Guinot están consultando el GPS en O Porriño. Durante todo el camino fue de gran ayuda el GPS, quiero decir mi GPS, porque Mario no se llevaba bien con su GPS ;-P.

A la entrada de Redondela nos dimos un festival de almuerzo con un bocadillo espectacular de panceta acompañado de albariño. Después de ese bocadillo no nos hizo falta comer más.

Aunque estabamos de viaje, nos manteníamos bien informados de todo lo que pasaba en el Tour. Además, el día anterior paramos en un bar a ver el final de etapa en el Tourmalet.

Después del almuerzo XXL continuamos la marcha y divisamos la Ría de Vigo.

Otro bonito puente, el Ponte Sampaio.

Nos tocó empujar la bici de nuevo, pero por suerte no fue nada en comparación con el Alto da Portela Grande que subimos el día anterior.

En Pontevedra paramos a tomar unas cervezas en una terraza y a cargar agua en la fuente de la iglesia de la Virgen Peregrina, patrona del Camino Portugués.

A los pocos kilómetros de Pontevedra nos encontramos con unos operarios que estaban talando árboles en un bosque y uno de los operarios nos dijo una frase mítica: “Cuidao que están talando árboles muy grandes y si os pilla uno os amasa”. 🙂

Volvía a hacer bastante calor y las viñas no dan suficiente sombra así que, si nos encontrabamos una fuente como esta no se podia desaprovechar la ocasión de mojarse la cabeza.

En Caldas de Reis volvimos a hacer una parada. ¡Esto ya está hecho! ¡Brindemos con cerveza!

Antes de llegar a Padrón hicimos un descenso por una pista muy divertida en la que no entraba el sol de tanta vegetación que había.

Al terminar la pista había un agente de Protección Civil que estaba haciendo un control de peregrinos. Nos dijo que por ese control habían pasado más de 600 peregrinos durante el día. Sin duda, este día nos cruzamos con más peregrinos que entre todos los días que estuvimos en Portugal.

Ya en Padrón nos hicimos nuestro primer plato de pulpo a feira.

Y después de cenar, un paseito con estiramientos de Mario incluidos.

Y un espectáculo de sombras chinescas sobre el convento del Carmen :-).

Esa noche dormimos en un pequeño palacio, el Hostal Jardín. Es una casa de piedra que data del siglo XVIII. Es un sitio muy cuidado, con un mobiliario impresionante.

Camino de Santiago Portugués (Barcelós – Tui)

En esta etapa nos separaban apenas 70 km con la frontera con España. Teniamos ganas de volver a España para poder llamar más barato, pero echabamos de menos los precios del Portugal profundo.
Como siempre, al salir buscamos un sitio donde desayunar, en este caso una panaderia en la que me pongo las botas y la camarera me dice que me voy a poner muito gordinho.
Aunque la etapa es la más corta, sin contar el paseo que haremos de Padrón a Santiago, el perfil indica que hay algunas subidas que pueden ser duras, así que no puede faltar el doping.

Nos encontramos con lago al que daban ganas de tirarse.

Para mi, esta fue la etapa más bonita de todo el camino. El paisaje era más verde y frondoso.

Aquí estoy dando un sermón para que el gregario que vaya delante no apriete. Habiamos cogido la costumbre de que el que se ponía delante apretaba e ibamos a patentar un invento que diese descargas en los testículos al que apretase más de la cuenta.

En esta etapa pasamos por la bonita población de Ponte de Lima. Coge el nombre del puente romano-medieval que cruza el rio Lima.

En Ponte de Lima hay varios lugares para fotografiarse haciendo el ganso.

Un homenaje a Pedro y a Sanchis.

Una lástima no haber coincidido con la época de la vendimia porque nos habriamos hartado de uvas.

Tuvimos que pasar por algún punto complicado.

Aunque lo realmente complicado estaba por llegar. La subida al Alto da Portela Grande. Según la guía de El Pais Aguilar, hay una alternativa para bicicletas para coronar el alto, pero nosotros no la encontramos, y nos metimos de lleno en una senda (por no llamarla barranco) llena de piedras con bastante pendiente, que según la guía es imposible de superar en bicicleta. Yo estuve a punto de desmontar las alforjas y hacer dos viajes para poder subir hasta la cima, pero a base de empujar soltando berridos conseguí llegar arriba.

La bajada que había después habría sido muy divertida con bicicletas en condiciones y sin alforjas, pero teniamos que bajar con bastante precaución cuando no a pie.
Guinot tuvo problemas con el cable del cambio y lo cambió. Hay que ir preparados.

Pasamos la frontera entre Portugal y España cruzando el rio Miño que separá las localidades de Valença do Minho (Portugal) y Tui (España).

En Tui buscamos el albergue, pero no nos dejaban entrar hasta las 20:30 para dar preferencia a los peregrinos a pie, y cerraban las puertas a las 21:30, así que al final hicimos noche por 15 € en el albergue privado El Camino.

Camino de Santiago Portugués (Oliveira de Azemeis – Barcelós)

Nos levantabamos, como todos los días, rondando las 7 de la mañana y desmontabamos el campamento improvisado en el salón de actos del cuartel de los Bombeiros Voluntarios de Oliveira de Azemeis.
Los bombeiros no cobrán ningún importe al peregrino por dormir en sus instalaciones. Nos despedimos dándoles las gracias por todo y les pedimos que nos recomienden un sitio para desayunar.

Todo un acierto la panaderia-pasteleria recomendada por los bomberios con variedad de pasteles, panes y embutidos.

En Portugal son típicas las iglesias chapadas de azulejo.

Y en algunas zonas también son típicos los hórreos.

Y sobre todo es típico el pavés y la calzada romana. En el tour sufrieron el pavés un sólo día y nosotros lo sufrimos casi todos los que rodamos por Portugal. Además, el pavés es una autopista en comparación con la calzada romana.

Con tanto traqueteo por el pavés y la calzada romana, al final se me soltó el trasportín cuando iba bajando por una carretera casí a 40 km/h. Pensaba que había pinchado porque de repente escuché un ruido que venía de la rueda trasera y se me frenó la bici pero, cuando eché la vista atrás, ví las alforjas arrastrándose por la carretera. Nada que no tuviese solución. Volver a montar y apretar a conciencia.

Hoy tocaba pasar por Oporto, donde nos quedamos a comer en un restaurante de uno de los callejones cercanos a la catedral.
Para entrar en Oporto hay que cruzar un puente de estructura metálica que cruza el río Duero.

Oporto es una ciudad algo destartalada, lo que le da cierto encanto.

En Oporto aún funciona un antiguo tranvía.

Hoy pasabamos por la primera población que dispone de albergue para peregrinos, São Pedro de Rates, un bonito pueblo con un montón de iglesias pero en el que no vimos ni un bar.

Por fin llegamos a Barcelós, a tan sólo unos 70 kilómetros de España.

Dormimos en el Hotel do Terço que ofrece descuento para los peregrinos.

Para cenar buscamos una pizzería para meternos cantidades ingentes de hidratos de carbono en el cuerpo. Conforme nos acercabamos a España iban subiendo los precios.

Mario subido al gallo de Barcelós que es el símbolo nacional de Portugal.

Camino de Santiago Portugués (Alvorge – Oliveira de Azemeis)

Este día tocaba volver a hacer más de 120 km para tener margen para llegar a Santiago con tranquilidad. A mi me temblaban las piernas de pensar en como lo pasé el primer día.
Al final no sufrí tanto como el primer día y eso que acumulamos unos increibles 1450 metros de subida llegando a una altura máxima de sólo 220 metros.

La primera población importante por la que pasamos ese día fue Coimbra, pero decidimos no perder demasiado tiempo en visitarla ya que quedaban muchos kilómetros por delante.

Después de Coimbra paramos en un bar a tomar unas cervezas. ¡Que bien que sientan! En portugués la cerveza se escribe cerveja y en algunos sitios para pedir un tercio se pedía como una “maior”.

Después de la parada fuimos haciendo camino cruzando algunos cañizos.

Paramos a comer en un curioso restaurante en Avelãs de Caminho (el lavabo estaba en el mismo salón).

Después de comer nos haciamos una merecida siesta de 15 minutos + o -.

Por las tardes Mario se quejaba de dolor de cabeza por el sol e intentó copiar el pañuelo que llevo yo en la cabeza usando unos calzoncillos. Es un crack!

Pasamos por algún que otro bosque de eucaliptos que espero que no hayan resultado dañados con los últimos incendios que ha habido por la zona.

Y para llegar a Oliveira de Azemeis había un buen subidón que me dejo tieso con los kilómetros que ya llevaba encima.

Esa noche dormimos en el cuartel de los Bombeiros Voluntarios de Oliveira de Azemeis (que guapas son las bombeiras ;-P).
Los bombeiros nos aconsejaron muy bien donde cenar.

Dormimos en una especie de salón de plenos.

Camino de Santiago Portugués (Golegã – Alvorge)

Inicialmente, el segundo día teníamos planeado llegar hasta Coimbra, con lo que sería otra etapa de 120 kilómetros, pero con lo destrozados que acabamos el día anterior, mientras almorzabamos decidimos consultar la guía de viaje que llevabamos (El Camino de Santiago Portugués, de la editorial el Pais Aguilar), y nuestra vista se clavó en la frase “hostal con piscina”. Así que decidimos acortar la etapa hasta la localidad de Alvorge, con lo que la etapa sólo sería de unos 85 kilómetros y mantendríamos una medía de 100 km al día.
Entre esta estupenda novedad y el estupendo desayuno en el mismo restaurante en que cenamos la noche anterior ya tenía la moral bastante más alta.

Tras cruzar vías de tren y pasar por pueblos de enemigos de Valentino Rossi, llegamos a Tomar, donde tuve que parar para hacer una visita al señor roca urgente y de paso tomar unas cervezas.

No olvidaré en la vida el baño de ese bar. Debe tener el record guiness de baño más pequeño. No había ni cuatro baldosas en el suelo, no sabía si estaba sentado en la taza o fuera de ella, las rodillas me chocaban con la puerta y tenía la cara pegada a la mirilla de la misma.

Después de esta parada nos encontramos con la primera sorpresa del camino en forma de rampones imposibles de subir con todo el peso que llevabamos encima.

Paramos a comer en el bar del cuartel de los Bombeiros Voluntários de Alvaiázere, donde nos pusimos las botas a un precio muy económico.

Después de comer, unas fotillos con los vehículos que tenían en exposición y una siestecilla de 1/4 de hora.

Además de tener algo más de ánimo que el día anterior, el camino era bastante más bonito y con zonas sombrías.

Aunque de vez en cuando nos tocaba andar por alguna senda pedregosa.

En esta etapa, el camino de Santiago ya se separa del camino a Fátima y las flechas apuntan sentidos opuestos.

Por fin llegamos a Alvorge, donde preguntamos a los lugareños por el hostal con piscina que andabamos buscando. La búsqueda fue bastante dificil y estuvimos a punto de abandonar y dirigirnos al siguiente pueblo para buscar alojamiento, pero por fin por casualidad dimos con el dueño del hostal que resulta que no es un hostal, sino que se trata de una fantástica casa rural y no está en la misma localidad de Alvorge, sino en una aldea próxima llamada Vale Florido. La casa se llama Casa do Vale Florido y es 100% recomendable y nos salío sólo por 20 € por cabeza.
Nos dimos un estupendo baño en la piscina y algunos también se bañaron con los aspersores.

La piscina nos hizo olvidar el sufrimiento del día anterior y, los más de 1.400 metros de subida que habiamos acumulado durante este día cargados con todo el peso dolían menos.
Por la noche cenamos también muy bien y barato en el bar del propietario de la casa.

Camino de Santiago Portugués (Lisboa – Golegã)

La aventura portuguesa comienza la madrugada del domingo 18 de julio. A las 3:45 pasaba a recogerme Guinot en coche para luego ir a recoger a Mario y de allí al aeropuerto de Valencia, desde donde salía nuestro vuelo a las 7. Yo me subía al coche sin haber dormido ni un minuto, pués casí que venía de una boda (como Mario) y además estuve terminando de recoger mi casa, pués a la vuelta de Santiago esperaba invitados.

Montamos nuestras bicis con algún que otro contratiempo (a mi me llegó el soporte del gps partido y tuve que hacer un montaje especial que no me permitía ver la pantalla en marcha, pero por lo menos lo tenía a mano) y empezamos a pedalear a las 09:30 sin detenernos en exceso en visitar Lisboa, pues ese día nos esperaban más de 120 kilómetros, aunque era la etapa más llana del camino.

El recorrido al principio transcurre a la orilla del rio Tajo y nos quedamos flipados con el puente Vasco da Gama. El ritmo es tranquilo viendo el paisaje. Más adelante el ritmo será de contrarreloj conmigo pegando voces a los dos gregarios que no paran de tirar.

La primera parte del Camino Portugués coincide con una ruta señalizada que va a Fátima. Las flechas amarillas indican el Camino Portugués y las flechas azules el camino hacía Fátima.

El calor ya se nota, aunque será después de comer cuando sea algo sofocante, llegando a marcar el reloj de Guinot los 39º al sol y 34º a la sombra.

Ibamos como aviones.

De vez en cuando, para seguir el camino teniamos que hacer cosas tan raras como coger los ascensores de las estaciones de tren para cruzar al otro andén, ya que no se podía cruzar la vía del tren de otra forma.

Prácticamente, lo único que comimos ese día fue un miserable bocadillito de Leitão, que no teniamos ni idea de lo que era y resulta que es lechón, aunque mucho sabor no tenía y estaba frío.

Recuerdo que después de comer llamé a la familia y les dije: “Ya estamos en Portugal! Sólo nos quedan 80 km para terminar la etapa” ;-P.

Santarem podría haber sido un buen punto para rendirnos ese día (habría sido una etapa de 90 kilómetros), pero decidimos seguir tirando para quitarnos kilómetros de encima e ir más relajados los siguiente días.

Lo que si que hicimos fue parar a refrescarnos en una fuente que había antes de Santarem.

Y en otra que había después. Lla cara de Guinot en esta foto refleja el dolor que yo hacía tiempo que llevaba sintiendo, pués no había ni dormido ni comido apenas.

Por fin, después de más de 120 kilómetros pedaleando con un calor insoportable y un viento que parecía que venía del mismisimo infierno, y tras arrastrarme los últimos 5 kilómetros, llegábamos a Golegã.
El único sitio que encontramos para dormir fue el camping, pues los Bombeiros Voluntarios no nos quisieron acoger.

El gerente del camping nos quería timar, pues nos ofrecía casas de maderas con una sóla cama por 96 €. Al final yo dormí en mi microtienda y Guinot y Mario durmieron al aire libre en el camping.

Lo mejor del día, la cena. Baratísima y buenísima, aunque con lo cansado que estaba era capaz de comerme una piedra.


noviembre 2017
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